5.10.15


HUNDIDO

5.10.15

 | COLUMNA DE OPINIÓN | Vélez se encuentra en la situación más complicada de, por lo menos, los últimos 40 años. Las partes no responden: no hay fútbol -ni ideas, claro- dentro de la cancha, pero tampoco hay una respuesta afuera. Hoy, el equipo es incierto. Por su presente, y mucho más por su futuro. 


Y es que es muy complicado analizar a un equipo que no te demuestra nada, no te da un incentivo, no te deja tranquilo. Imposible no caer en la redundancia; Vélez ensucia su propia historia, aquella de buen fútbol, gloria y alegría. Este presente, si bien parece ser de transición (o eso tratamos de creernos), lastima. No por el resultado; a fin de cuentas, no se puede esperar mucho desde el momento de plantear un campeonato así, sino por la forma. No tiene espíritu ni amor propio. Da igual perder.

Esta vez, quien se inundó de felicidad con muy poco fue Chicago, que pelea contra viento y marea por no descender. Ese equipo vino a Liniers y se llevó los tres puntos: Vélez hizo lo heroico para darle un resquicio de esperanza a un club con el que tiene una fuerte pica barrial. El tempranero gol de Amor –el único que pareció comprender la importancia del partido, contexto y necesidad – avivó la alegría fortinera: entre cantos y folclore el equipo se animaba. Vélez dominaba en lo actitudinal, y eso lo hacía ser mejor en el juego. 

Pero la euforia hoy es efímera. Tristemente, este equipo que da más tristezas que alegrías lo puede todo: con un insólito pase de Somoza, Chicago encontró la paridad. Desde ahí, el debacle: se descuidó en el fondo en cada intento de ir a buscar el partido, dejando mano a mano o en superioridad en el ataque al rival. Es evidente que los problemas no están arreglados, sino que empeoran. La dupla Romero – que, encima de todo, salió lesionado – Somoza estuvo muy descoordinada, entregando la pelota hacia dos mediocampistas nulos en su labor ofensiva, como lo fueron Asad y Delgadillo. Para el olvido el partido de Caraglio en su pobre conexión con Toledo, que intentó más de lo que generó. Penoso partido colectivo, que tuvo sus frutos: después del error de Somoza, vino un gol a los 20 segundos de haber iniciado el segundo tiempo. No hubo amor propio, no hubo un reflejo del trabajo táctico que se supone que se debe realizar entre semana. No hubo vigor. No hubo nada; Vélez se lo dejó ganar. Ni las inclusiones de Doffo, que estuvo apagado, seguramente por el peso de haber entrado en la cancha para dar vuelta algo que internamente se sabía imposible, ni de Bella, que parece haber tomado el camino de salvaguardar lo propio, pudieron cambiar la cara ya desfigurada de este equipo.

El único clásico que Vélez afronta en este largo torneo es: ¿Hasta cuándo? El equipo duele en el alma, por su falta de orgullo para darle un buen espectáculo al hincha que acompaña constantemente a pesar de saber que a fin de cuentas, la amargura va a ser nuestra. El resto seguirá igual. Buscando una solución, Vélez se hunde cada vez más en un pozo del que, si no se reacciona rápido, va a ser muy difícil salir.

Escrito por Franco Vignozzi (@FranVignozzi en Twitter).