3.8.14


ROBO A LA JOYA

3.8.14

 | BOXEO | Diego Gabriel Cháves, el boxeador fortinero nacido en San Miguel, perdió ante el estadounidense Brandon Ríos por una descalificación insólita en el noveno round, en el marco de la pelea estelar de la velada disputada en el Chelsea Arena del Cosmopolitan de Las Vegas.


Lamentablemente, el boxeo, deporte solidario y noble por historia, no está exento de las manchas e irregularidades que se acostumbran a ver en otros, principalmente en el fútbol. Árbitros y jueces corruptos continúan apareciendo para ensuciarlo. Localistas y partidarios. Lo único que provocan es hacerle daño y que, poco a poco, el público vaya dejándolo de lado.

La Joya velezana llegaba a Estados Unidos con la posibilidad de volver a los primeros planos internacionales tras la derrota por nocaut ante Keith Thurman. Su rival, volvía a escena tras casi un año de ausencia. Acarreaba dos derrotas consecutivas. Mike Alvarado y Manny Pacquiao, ambas por puntos, habían sido sus verdugos. Un tercer declive consecutivo hubiese significado una salida del negocio. Pero el juez Vic Drakulich, yankee de padres serbios, haría lo suyo para evitar que eso sucediera.

El combate fue parejo en líneas generales. Arrancaron con todo ambos pugilistas, saliendo desde el campanazo inicial a buscar la pelea. No hubo tregua, estudios previos ni especulación. En ese contexto, el argentino fue un poco más en las primeras cuatro vueltas, siendo agresivo y predominando en la media y larga distancia. Ríos, en cambio, buscaba fajarse en la corta y ensuciar. En el tercer round apareció, de forma tendenciosa, el primer punto menos para Cháves. 

Con el correr de los asaltos, Ríos creció al tiempo que la Joya hacía lo inverso. Diego pisó el palito y entró en el juego que el norteamericano proponía. Eso hizo que se desenfocara. Dejó de combinar como lo venía haciendo y pareció ir perdiendo paulatinamente la velocidad de brazos. El local, viejo zorro del box, se agrandaba con el correr de los minutos. En la quinta ronda, fue Ríos quien recibió la sanción de un punto menos por parte del referí. 

En el sexto asalto hubo un choque de cabezas innecesario que terminó de desmadrar el combate. En ese momento, la pelea tenía un tinte más callejero que profesional. Insultos y juego sucio. No faltaban los empujones, codazos y golpes ilegales en la nuca o la espalda. El árbitro continuaba llamándoles la atención a ambos boxeadores, que parecían hacer oídos sordos.

En la octava vuelta se escuchó con claridad a Robert García, entrenador de Ríos y también del Chino Maidana, decirle a su pupilo: “Comete infracción siempre que puedas, pero que no te vea (el árbitro)”. Lamentable. Completamente anti fair play. Y curioso tras luego ver cómo culminaría la pelea.

En el noveno y último round de la noche, la Joya tomó por el cuello a Ríos y con una llave propia de lucha libre, lo revolcó por todo el cuadrilátero. Tras la reanudación, el norteamericano volvió a abalanzarse sobre Cháves en busca de cizaña. Ante la sorpresa de propios y extraños, Drakulich tomó la insólita determinación de descalificar al argentino que nada había hecho para merecer semejante final. Una nueva mancha para el boxeo, vergonzoso.

La Joya, que estuvo a punto de suspender el combate porque no le otorgaban la visa de trabajo, fue robado por un juez corrupto y sumamente localista. Lo lógico, si se quiere, hubiera sido descontarle otro punto al argentino por el revolcón previo. Pero nada hizo en la acción posterior como para terminar siendo descalificado.

Un hecho a destacar es que, hasta el abrupto final, Cháves estaba arriba por un punto (75-74) en la tarjeta de dos de los jueces. 

En este momento, con la calentura y bronca lógica, lo único rescatable para el argentino es que se ganó, a criterio de quien suscribe, una nueva chance de pelear en suelo estadounidense.

Escrito por Emilio Carranza. (@EmiCarranza11 en Twitter)