8.6.14


UNA BESTIA SUELTA EN NEW YORK

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 | BOXEO | Javier Maciel, el boxeador fortinero, hizo un gran combate en el mítico Madison Square Garden, venció por puntos al puertorriqueño Jorge Meléndez y se quedó con el título USNBC superwélter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).


El argentino había sido derrotado en sus dos anteriores salidas del país: el ruso Dimitri Pirog primero y el británico Brian Rose después, fueron sus verdugos. Ambos por puntos. Pero le apareció una tercera oportunidad y, como suele decirse, fue la vencida. Chance que le llegó de casualidad. O no. Alguno dirá que fue el destino. Puede ser. Lo cierto es que no era el púgil elegido para la cartelera de la velada que tiene a Sergio Maravilla Martínez y Miguel Cotto como protagonistas. Ocupó el lugar del israelí Yuti Foreman, que se bajó por problemas en el contrato. Algo realmente llamativo en este nivel. Con tan solo quince días de preparación máxima para un combate, Maciel se puso los cortos y peleó.

Contrariamente a lo que se daría, en la previa se vislumbraba una pelea que no llegaría a los diez asaltos estipulados. Ambos combatientes son de los llamados pegadores, noqueadores. El boricua llegaba con un récord de 28-3-1 con 26 KOs, mientras que la Bestia velezana con 28-3 y 20 por la vía rápida. Pero, finalmente, ninguno de los dos podía finalizar con un nocaut.

Una vez en el ring, llamó poderosamente la atención el short de Javier. Específicamente la publicidad que llevaba en él: "Boca somos todos", campaña política del club de la Ribera. Es curioso porque es un boxeador identificado con Vélez, club que lo promovió, del cual es hincha y donde además realiza sus entrenamientos. A criterio de quien suscribe, fue poco feliz. No pareció muy acertado. Pero es entendible en cierto punto. Su origen es muy humilde y no está para nada salvado económicamente. La lucha mucho, día a día.

Sabiéndose claro visitante e invitado a la fiesta (los caribeños, gran mayoría en el estadio, festejaban su día), Javier salió a matar de entrada. Su plan de pelea no varió mucho de lo habitual. Salió a boxear con su estilo: poco técnico y vistoso, pero con excesiva guapeza. Tratando siempre de encontrar su derecha cruzada. Maciel tuvo la iniciativa en los primeros asaltos, buscando más que nada la corta distancia para poder así sacar los ascendentes que tanto rédito le dieron en su carrera. Destroyer sí mostraba riqueza boxística, pero trabajaba poco por round. Tiraba pocos golpes, pero era certero. Un boxeador ortodoxo.

Si bien, con el correr de los minutos, el bonaerense buscó hacer una pelea de calle, llevándolo contra las cuerdas con la cabeza o empujándolo, fue el puertorriqueño quien comenzó con los golpes bajos. Así fue como el árbitro, acertadamente, le descontó un punto en el cuarto capítulo, episodio en el que llegaría lo mejor de la Bestia. Luego de una buena combinación de golpes, fue un derechazo boleado el que llevó a la lona a Meléndez. Se levantó, aún pareciendo terminado. Estaba droggy. Pero sacó a relucir su gran corazón y aguantó la embestida.

Con el correr de los asaltos, Javier se desdibujó y pareció acusar una merma física. Acostumbrado a los nocauts tempraneros, hacía mucho no tenía un combate de tantos rounds y lo sintió. Para suerte suya, su rival nunca reaccionó. Y así de parejo fue hasta el final. Se repartieron puntos hasta llegar al décimo y definitivo. En el comienzo del final, en los primeros treinta segundos, apareció lo mejor del boricua, que se sabía perdedor y buscó la mano ganadora. Javier respondió, fue a un golpe por golpe innecesario, pero terminó airoso. Final del combate y a esperar las tarjetas.

Dos jueces vieron ganador a la Bestia (97-91 y 96-92) y uno, sorpresivamente, vio un empate en 94. La victoria del argentino fue poco vistosa, pero muy justa. Quizá con este triunfo comience a meterse en las bocas de las grandes empresas y promotores del mundo. Ojalá así sea.

Escrito por Emilio Carranza. (@EmiCarranza11 en Twitter)