7.1.13


Cada partido...

7.1.13

Qué raro se siente. Qué raro es para mí ir cada partido al José Amalfitani o alguna otra cancha a ver al Fortín. Uno sale de su casa, y es consciente de que no cruza 3 cuadras o dobla 2 esquinas y ya está ahí nomás del mejor estadio del fútbol argentino o está acompañando al equipo de visitante.
Es una sensación rara, pero hermosa. Así es, raro pero sabés que es por amor, por ese club que sentís sentimientos inexplicables…
Esa linda sensación que siente uno, personalmente, de salir con el auto o con lo que sea y saber que te esperan 450 km (en mí caso), entre la ida y la vuelta, con tal de ver al equipo que uno ama. Son, maso menos, 225 km de ilusiones, donde vos vas pasando por rutas y decenas de ciudades que solo las vez para ir a ver a Vélez, tantos kilómetros donde pensás  ¿Cómo formamos? ¿ A qué hora entro a la cancha? ¿Con quién me encuentro?; A veces con cielos negros, y falta de mucho tiempo decís: “la p… madre ¿Cómo estará el día allá a la hora del partido?”, y tantos otros pensamientos que uno siente cuando está viajando. 
Por otro lado, la vuelta, que también depende mucho del resultado o del desarrollo; sigue siendo raro, pero uno las vive igual, ganarle bien a un equipo grande, pasar de fase por una Copa, ganar un partido transcendental, o como máximo extremo: salir campeón, lo que hace que esos cientos de kilómetros sean con una sonrisa de oreja a oreja, con una felicidad impagable, pero no todas las cosas son color de rosas, también están esos momentos en los que se pierde un partido importante (o no también…), una eliminación de Copa, la pérdida de un nuevo trofeo, entre otras cosas, que hace que, sin ningún lugar a dudas, el viaje de vuelta sea durmiendo y con bronca de saber que te hiciste 400, 500, 700, 1000, o más también, de kilómetros para “ver a tu equipo perder”, pero uno siempre (o yo personalmente) se queda con la consciencia limpia, sabe que hizo lo que tenía que hacer, que tenía que estar allí, a pesar de los resultados, del clima, de los kilómetros, del trabajo, de la familia, de lo económico, dejando todo solo por Vélez, y he ahí cuando ya no importa la derrota, porque uno se siente contento por dentro, porque hizo una de las cosas que más feliz lo hacen a uno en la vida: ir a ver a su equipo.
Otra de las cosas raras que uno siente, es no poder entender como lo viven los otros, y esos “otros” tampoco saben cómo lo vive uno. Cuando llega al Amalfitani, hay veces que uno ve la Platea Sur Alta, o la Norte también, llenas a más no poder, a veces a media agua, y muchos casos, sin habilitarse directamente y con la popular con los codos con poca gente. Ahí es cuando decís: ¿Qué carajo hacen éstos? Uno personalmente piensa y dice: bueno, deben vivir lejos y como a todos, se les complican los viajes, pero ya son muchas las veces que Vélez demostró que tiene su gente, que puede llenar el estadio cualquier día del año, pero algo falla. Sabiendo las posibilidades que da Vélez para ir a la cancha, dejando la entrada “gratis” a los socios a partes del estadio, y comparándolo con clubes que pagan la cuota social (y más alta), además de la entrada al estadio (que puede superar los $100), es cuando uno “reflexiona” y se pregunta ¿Por qué no viene más gente, si sabemos que la tenemos y en las finales están todos? Esa, entre otras, es una de las tantas preguntas que uno se hace, teniendo en cuenta que hay gente que es tan “fanática” que vive a 5 cuadras, pero siempre tiene la excusa necesario para decir “ausente” a la hora de cada cotejo. 
Este es el simple comentario de un pibe joven, del Interior de país que vive, disfruta y sobre todas las cosas, valora cada viaje como si fuese último. Ojalá todos puedan valorar tanto a Vélez como se lo merece y podamos ir más seguidos a la cancha y reventarla cuando sea, cuando las posibilidades estén al alcance de la mano.
Un feliz año, y que ojalá venga con la 15ª estrella…

Escrito por @TomiCavs